sábado, 1 de junio de 2013

¿Cuál es tu identidad?


Uno de los casos más patéticos que me ha tocado presenciar, fue el de ayer. Un joven de no más de 17 años, que por su vestimenta evidenciaba ser parte de alguna escuela pre-militar o algo parecido. Se paseaba por todos lados, mientras estábamos los demás esperando en fila la locomoción. Él trataba llamar la atención de los demás como fuese. Miraba la hora exhibiendo su reloj, y hablaba por celular con "códigos" militares, pero lo que realmente logró llamar la atención de todos y hasta me molestó, fue que comenzó a patear y dar "ordenes" a un perrito que dormía bajo los asientos del lugar. 
Los comentarios no se hicieron esperar -"este debe estar rayado"- decía una señora, mientras protegía con fuerza sus cosas, y ante esto me pregunté ¿Cuantas veces tratamos de usar un disfraz o adoptar un rol que no nos pertenece? 
El afán de muchos por ser escuchados, observados, queridos y hasta deseados hace que pierdan la identidad, y sólo por lograr la aceptación del otro. 
Muchas mujeres se equivocan al aparentar frente a hombres lo que no son, para así llamar su atención, llegando a inventarse así mismas que son indestructibles y que nada les hace daño, pero en el fondo esa fortaleza no es más que la careta que cubre el temor a ser dañadas; como también hay hombres que se muestran ante todos totalmente "cancheros", pero realmente llevan una vida solicitaria, sin sentido ni afecto, sólo buscan aventuras para llenar el vacío que cargan consigo, porque no son capaces de vivir un amor real. Otros, se esconden tras una religión y tratan de adoptar "costumbres" que sólo les transforman en seres hipócritas, porque sus dichos están muy lejos de ser coherentes con sus actos. 
Pero ante esta sociedad, ante esta realidad ¿Qué se puede realmente hacer?
 Vivimos insertos en una competencia en donde el que no se une a la masa, es victima de bullying social, el mismo que ha llevado a muchos jóvenes a quitarse la vida. 
Es cierto que Dios restaura nuestra real identidad, pero ¿No sería mucho mejor que no la perdiéramos y que fuésemos valientes en la vida enfrentando nuestra realidad? Si peleáramos todas nuestras batallas con la cabeza bien erguida, sin "actuar" en cada escenario que se nos presente, quizás jamas nos extraviaríamos en nuestro camino, quizás nunca hubiésemos perdido ese gran amor, quizás las familias no se destruiríanquizás alcanzaríamos todas nuestras metas. 
La solución es el amor a si mismo ante todo. Es cierto que debemos considerar a nuestro prójimo pero, ¿Cómo he de amar a otro sino no lo hago primero conmigo mismo? 1° yo, 2° yo, 3° yo y 4° yo, luego los demás, tal vez suene egoísta pero, privarnos de la felicidad por complacer a otros llega a ser la pobreza más grande que una persona pueda vivir, pobreza de espíritu. Ojalá fuese fácil volver al original, pero hay tanto ya sobre si, que lo único que queda es comenzar a desechar lo que nos nos pertenece (actitudes, gestos, palabras, etc.) para lograr rescatar desde el fondo la realidad y volver a presentarnos limpios, ante quien nos quiera en el camino acompañar.

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