miércoles, 21 de diciembre de 2016

Lluvia...

¿A quién no le gusta la lluvia? A muy pocos...

Es ideal disfrutarla con el ser amado, regaloneando al lado de una chimenea mientras se bebe un delicioso vino, no? Eso, es realmente un sueño que pocos logran disfrutar, pero hay otras instancias, cómo quedarse acostado escuchándola mientras choca con el techo, o caminar por la calle mientras estás cae por tus mejillas; pero ¿Qué pasa cuando la lluvia moja tu interior? ¡¡Es desesperante!! Porque no hay paraguas, no hay chimenea, no hay nada para librarte de ella... simplemente cae y se escapa por los ojos, recorre las mejillas y muere (quizás) en el suelo... 

Hay lágrimas de emoción, de felicidad, pero esas, extrañamente pasan rápido, sin embargo las de dolor, tristeza, decepción no; esas tardan en retirarse y dejan huellas, marcan vidas... Pero finalmente pasan.

Hoy llego el verano, pero en mi se adelantó la lluvia.

Hace dos meses amanecía en Valdivia y la lluvia golpeaba nuestra ventana... hoy golpea por dentro, pero solo en mi.

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