viernes, 3 de mayo de 2013

Jehová dio, Jehová quitó, sea el nombre de Jehová bendito (Job 1:21)


Cuando se pierde a un ser querido nos planteamos muchas preguntas y vamos entendiendo los ciclos de la vida.
Inevitablemente aceptamos que las cosas ocurren independientemente de lo que deseamos o esperamos.

Pienso que lo natural es nacer y morir, pero cuando a un ser querido le llega la hora, parecemos no estar preparados, como si fuera algo que nunca pudiera ocurrir, como si estuviera ajeno a nuestra condición de humanos. 
Cuando ese día sucede, es cuando recién pensamos en ¿Por qué no disfrutamos de esa persona?, ¿Por qué no aprendimos de ella?, ¿Por qué?!! Muchas preguntas que tienen su dolorosa respuesta, pero tras ello una enseñanza por los que aún siguen a nuestro lado: vive con plena conciencia cada segundo, disfruta cada paso de la vida, y acepta todo lo que ocurra con alegría y buen carácter.

No deseo la muerte de nadie y menos de un ser querido, pero si deseo que hasta que esa hora llegue seamos capaces de vivir la vida, sin pensar tanto en lo que pasará y siendo más conscientes del presente, de lo que acontece en cada instante, por muy cotidiano que parezca. Para entender esto sólo hay que quitarse “el traje de romano” y abrir un poco nuestro corazón, sin miedo y aceptar a los que nos rodean, disfrutando de ellos sin tantos prejuicios.

En realidad, pienso que la muerte no existe, sino únicamente en un plano físico sucede una perdida y ello me provoca una pérdida del miedo a vivir la vida, sin tapujos, aprovechando cada respiración hasta que por suerte, porque Dios quiera o porque simplemente tenga que ser así, muera. 

Por ello no hay que PRE-ocuparse. 

No me cabe duda que tras la muerte, para las grandes personas están reservados los grandes lugares. Terrenalmente podemos decir que ese gran lugar es un regalo y ese regalo es permanecer en los corazones de los que te han querido. Eso significa ser eterno y la eternidad es inmortal, Pero para los que amamos a Dios la muerte no existe es sólo dormir para despertar cuando Papá nos regrese a buscar.

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